Hace algunos años conocí en Burdeos Mr. Camilo de la R..., polonés, secretario de una legación, tirador de primera fuerza, temible en el terreno; manco del brazo izquierdo; quedándole unido solamente al hombro un corto muñon, puesto que la amputación había tenido lugar por encima del codo. Este caballero que se tendía a fondo de una manera sorprendente; con belleza de posición y destreza sin igual; siempre al verificar un movimiento estraño, para salir del centro o sencillamente para volver a la guardia hacía uso de su resto de brazo elevándolo todo lo posible al levantarse y tendiéndolo al tenderse; lo que demuestra entendía perfectamente la teoría de composición y descomposición de fuerza y la aplicaba aun en el caso desgraciado suyo en que poca ayuda podía prestarle.
Era hombre extraordinario de disposición superior para manejar las armas, conocía todas las salas de Europa y se había medido con los tiradores de mayor nombradía: poseía músculos de acero con la flexibilidad del junco: cuando se tocaba su solinge se esperimentaba en la mano y muñeca una impresión dolorosa como si se encontrasen bajo la acción de una corriente eléctrica.
Tuve la honra de recibir algunas lecciones suyas, que nunca le agradeceré bastante.
Murió en Baden-Baden de una bala que le colocaron en la cabeza.